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FMI: ¿UN ACUERDO SIN FONDO?

¿Qué tan importante y funcional es un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en estos tiempos de crisis para nuestro país? Esta pregunta reflexiva es la que muchos analistas económicos nos hemos hecho. El acuerdo con el FMI ha sido cuestionado fuertemente por la mayoría de los actores más importantes de la sociedad civil. Hay serios elementos claves que no podemos objetar ante esta interrogante. No podemos desconocer que la crisis económica iniciada por la crisis sanitaria fue agudizada por dos fenómenos naturales. Tampoco podemos esconder la crítica situación que viven los pequeños y medianos emprendedores. Está claro que el desempleo se traduce en más pobreza y que muchas familias se encuentran en una situación crítica. Sin duda alguna, la crisis sanitaria se traduce en una crisis económica que da lugar a una crisis social sin precedentes en la historia de nuestro país. Para reconstruir y reactivar es necesario que el estado lidere una serie de políticas y proyectos que permitan una sólida recuperación dejando una base para un futuro más prometedor. Sin duda esto trae un costo. El estado tiene al menos tres (3) vías para tener éxito y estas incluyen apoyar al sector privado con políticas de incentivos, endeudar al país con más gasto público o buscar apoyo externo de países desarrollados y de organismos de cooperación multilateral como el FMI. Honduras pudo evitar la tercera.

En primer lugar, aunque el presente es deprimente en términos económicos y el futuro parece poco previsible, el país tiene cierta estabilidad financiera producto de su relativa buena posición macroeconómica. Según números presentados por el BCH, Honduras recibió 1.570 millones de dólares en remesas en el primer trimestre de 2021, lo que representó un alza de 29 % respecto al mismo período de 2020, esto a pesar de continuar la crisis sanitaria a nivel mundial. Como lo he criticado anteriormente, la economía del país continúa dependiendo de manera excesiva y peligrosa del flujo volátil de las remesas. Este panorama nos deja mucha claridad en donde debe orientarse los esfuerzos de recuperación: la microeconomía del país. Es decir que el problema real de nuestra economía se reduce exclusivamente a reorientar esfuerzos en materia de recuperar a la microempresa con el fin único de reactivar el comercio y generar empleo inmediato y masivo.

Por otro lado, Honduras posee una amplia oferta exportable y que incluye entre otros el banano, café, melones y sandias. Está claro que los huracanes Eta y Iota tuvieron un efecto negativo en la producción y venta de los mismos. Además, también afecto la contracción de la demanda externa, principalmente Estados Unidos. Según el BCH, durante el primer trimestre del 2021 las exportaciones se redujeron en un 3.4%. Para reactivar estos sectores no es necesario firmar con el FMI. Los mecanismos de financiamiento internos deberían ser suficientes para lograr mayor producción en el corto plazo e incrementar las exportaciones. El sistema financiero nacional debe firmar un gran pacto nacional para apoyar la reactivación inmediata de las exportaciones y los bancos estatales como BANADESA deben reestructurarse a manera de ser más ágiles y transparentes para hacer llegar los fondos a los productores locales. El difícil acceso a fondos locales por parte de nuestros productores no es un problema que lo solventa un acuerdo nuevo con el fondo. Aunque reconozco que ya han existido algunos avances importantes en el pasado cercano.

Someter el país a nuevos créditos no es la solución más inteligente. Reestructurar y salvar la ENEE y HONDUTEL permitiría reducir o eliminar las perdidas nefastas que producen año tras año y por ende dejaría los fondos suficientes para construir represas, reactivar el agro y apoyar la microeconomía. Los mecanismos de mitigación de riesgos a través de inversiones estratégicas a lo largo de los ríos de mayor caudal en el país van a permitir salvaguardar y asegurar la producción continua en las épocas más complicadas del año, especialmente con la inminente realidad del cambio climático. El país igualmente debe apostarle por mejores carreteras, especialmente en los corredores del occidente y el litoral atlántico. Un estado más eficiente también ayudaría para darle un respiro a las finanzas públicas.

Por último, la simplificación administrativa y la descentralización/autonomía municipal parecen ser temas que ponen en aprietos a los tomadores de decisiones. Una política tributaria enfocada en producir empresas más productivas no está en la mesa del debate, aun en tiempos de crisis humanitaria. Menos impuestos y más empresa. Es quizá el momento de definir una nueva política tributaria menos confiscatoria y más abierta a la generación de desarrollo económico. En realidad, es debe ser el fin primordial del estado. Un acuerdo con el FMI no cambiará en lo absoluto este panorama.

La actual crisis social y humanitaria que vive el país no se acabara con un nuevo acuerdo con el FMI. Si bien es cierto, el acuerdo manda un mensaje positivo a los inversionistas y nos pone en buena posición a nivel de riesgo país, más deuda significa más condiciones impuestas por un organismo que al parecer desconoce que nos hundimos poco a poco en un mar de decisiones poco acertadas en materia de salud pública y políticas económicas. Lo que Honduras requiere en estos momentos es una política sanitaria coherente con la crisis que vivimos y que tengamos acceso rápido a una estrategia de vacunación que permitan a los hondureños volver a la normalidad lo más rápido posible. Caso contrario, estamos ante otro acuerdo sin fondo.

Melvin José Ferraro
 Economista 

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