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EL PAÍS EN CRISIS SISTÉMICA

“La crisis ha puesto al descubierto no solo errores en el modelo económico dominante sino también en nuestra sociedad. Demasiada gente se ha aprovechado de los demás.”- Joseph Stiglitz

La palabra crisis esta de moda. El mundo está en crisis y Honduras está en una profunda crisis. Nuestro país vive agitadamente una crisis moral, política, educativa, económica, social y sanitaria. A diario somos inundados con noticias negativas sobre el acontecer nacional y esto genera un ambiente complejo que divide a la sociedad hondureña de manera permanente. Es aún más complejo tratar de comprender la génesis de la crisis en un país que ha heredado más de 200 años de democracia malentendida. Señalar un sector, algo que usualmente hacemos, como responsable total de los problemas que aqueja el país parece la salida más cómoda para una sociedad dividida en pensamiento y valores. La crisis en Honduras es sistémica. 

La interpretación de la crisis depende exclusivamente que se analice desde una perspectiva local y no global. Si bien es cierto la pandemia ha golpeado la economía y la estabilidad política a nivel mundial, a nivel local los problemas son aún más profundos y estos tienen su raíz en la falta de entendimiento y consenso por parte de los diferentes sectores de la nación. El país está inmerso en una grave crisis sistémica y es necesario que los diferentes actores sociales lo acepten para dar de esa forma el primer paso correctivo. La situación parece ser delicada y las soluciones que se han puesto sobre la mesa solo han agravado más la división social y han avivado la llama del desencanto y desesperación de todos los hondureños. 

¿Quién debe dar el primer paso? La clase política. Es probablemente la incapacidad de la elite gobernante, que desde que el retorno a la era democrática ha fracasado en sentar las bases de un crecimiento social inclusivo, la base para entender nuestra falta de consenso y entendimiento. Para que el país finalmente logre un gran acuerdo es necesario entender y procesar esta incapacidad de manera que logremos definir e identificar el camino correcto para enfrentar los gigantescos retos que tenemos por delante. La imposibilidad de asegurar unas elecciones libres de fraude aumenta el desconsuelo de una población que, a pesar de los tragos amargos, sigue creyendo y teniendo fe. 

La crisis económica y social es también producto de un contexto estructural. La débil institucionalidad y la falta de credibilidad en los entes públicos y algunos actores del sector privado, son la barrera más alta para la creación de riqueza y desarrollo.  El sector público y los agentes productivos no han logrado unificar criterios sobre cuáles son las mejores políticas económicas para lograr un crecimiento sostenible que llegue a beneficiar a todos los hondureños sin distingo de clase social, política y económica. El sector productivo, en términos generales, es el principal afectado. La orden del día es la descalificación y el señalamiento constante de una parte hacia otra. 

Por otro lado, la crisis moral es evidente. La falta de valores es notoria en casi todos los ámbitos políticos y sociales de la nación. Las iglesias, con claras excepciones, toman posturas flexibles antes temas críticos como la corrupción, la desigualdad y la falta de oportunidades. En varios casos hemos visto como algunas iglesias y sectores claves de la sociedad prefieren llamarse al silencio en lugar de señalar los desaciertos y acciones lesivas a la integridad de la patria. El sector educativo también debe jugar un papel más protagónico. Sin embargo, hemos observado como la academia ha intentado, a través de la investigación y la crítica constructiva, proponer diferentes alternativas para levantar el país de la crisis en que se encuentra. 

La crisis hondureña evidencia un dramático déficit de gestión en materia pública y privada que ha intentado la transformación nacional en todos los medios posibles a través de una metodología obsoleta y transitoria sin la capacidad de generar las bases para un futuro más prometedor. Se gobierna para 4 años y se olvida el largo plazo. Al día de hoy, todos los esfuerzos por crear diálogo, consenso y esperanza se pierden en el horizonte por la falta de compromiso de poner los intereses pueblo hondureño por encima de cualquier coyuntura personal y política. La ausencia de los valores más importantes como la honestidad y la empatía resulta en una ecuación que arroja números negativos en materia económica, social y política. A la clase política, empresarial y social le resulta imposible reconocer que la única salida posible no es cambiando de modelo económico sino en dejando a un lado la confrontación y polarización. Solo a través del diálogo y la concertación es posible revertir la crisis sistémica.

¿Y usted a que sector culpa de la actual crisis que vive el país?

Melvin José Ferraro
 Economista

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