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La hondureña Maribel Lieberman fue registrada este sábado al posar en su tienda de chocolates MarieBelle, en Manhattan, Nueva York (EE.UU.). EFE/Germán Reyes

La hondureña Maribel Lieberman, una «llamita» que no se apaga ante la adversidad

Tegucigalpa/Nueva York,  (EFE).- Los 20 años que lleva la hondureña Maribel Lieberman vendiendo sus finos chocolates en Nueva York han sido «de aprendizaje» porque ha sobrevivido desastres como el derribo de las Torres Gemelas en 2001, la crisis financiera global de 2008 y la pandemia de covid-19 que desde 2020 afecta al mundo.

«Han sido 20 años de aprendizaje, de altos y bajos; en todos estos años experimenté la caída de las Torres Gemelas, eso fue un bajón para todo el mundo, aquí en Nueva York, especialmente», dijo Maribel a Efe en su tienda de chocolates, en Soho, Manhattan.

Agregó que en 2008, debido a la crisis financiera global, sufrieron mucho las compañías en Nueva York, y que en 2020 se sumó la pandemia de covid-19, la que sigue enfrentando sin doblegarse.

DE UNO DEPENDE SALIR ADELANTE, DICE LA EMPRESARIA

«Cada experiencia te va enseñando qué es lo que puedes hacer para sobrevivir; como empresaria tengo la personalidad de que nunca me dejo caer, puede ser que baje, pero inmediatamente subo y eso es una manera de cómo sobrevivir», subrayó Lieberman, natural de Jutiquile, una aldea en el oriente de Honduras, de la que no olvida sus orígenes.

La pandemia de covid-19 quizá sea la situación más difícil que ha enfrentado Maribel, porque su reconocida tienda, «MarieBelle Nueva York» (mariebelle.com), estuvo cerrada siete meses, desde que el 13 de marzo de 2020 se anunció que la gran urbe estadounidense sería cerrada.

Registro general este sábado de la tienda de chocolates MarieBelle, en Manhattan, Nueva York (EE.UU.). EFE/Germán Reyes

«Siempre creo que si uno no lucha, no logra lo que quiere; pero si uno tiene toda la fuerza adentro, puede sobresalir. No importa cuáles sean las desgracias que encuentre o pueda tener, de uno depende seguir adelante y que esa llamita nunca se apague», enfatizó Maribel, quien también recuerda que sus «primeros chocolates» fueron de tierra, durante su niñez, jugando a ser cocinera en Jutiquile.

Al inicio de la pandemia, Maribel creyó que Nueva York sería cerrada por dos o tres semanas, pero al saber que era por tiempo indefinido, inmediatamente emprendió acciones con sus 45 empleados.

«Había que hacer algo pronto porque aunque el negocio estuviera cerrado, tenía que pagar la renta y demás compromisos», incluidos los de su fábrica, que opera en Brooklyn.

La pandemia hizo que Maribel cambiara su estrategia de mercadeo para volver a las ventas, por Internet, de sus afamados chocolates, que también son conocidos en Corea del Sur, Dubái, Europa (solamente con ventas por línea), Hong Kong y Japón. Por la tradición chocolatera de ese país, también le gustaría llegar a México.

Maribel considera que la pandemia le ha enseñado a sobrevivir gracias a la tecnología.

DEL DISEÑO DE MODAS A LOS CHOCOLATES

El primer «negocio» de Maribel, como un pasatiempo en sus años de infancia, lo inició en la escuela de su natal Jutiquile vendiendo dulces de mantequilla.

El pequeño «negocio» le dio para ahorrar 10 lempiras (42 centavos de dólar), con los que se compró los primeros zapatos, con su propio dinero, también recuerda Maribel, quien por un tiempo soñó con ser secretaria bilingüe. Antes de instalarse en Nueva York, con su educación secundaria casi por terminar, a los 19 años Maribel decidió viajar a Washington para estudiar inglés.

Un año después regresó a su país. Luego viajó a Nueva Orleans y más tarde a Nueva York, donde decidió estudiar diseño de modas, lo que apreciaba mucho quizá porque «mi madre siempre se las inventaba para hacernos las últimas modas, aunque fuera con pedazos de telas que le sobraban de las costuras que hacía en el pueblo».

Pero en Nueva York, Maribel, quien el 21 de marzo de 2012 fue elegida entre las personas con «grandes negocios» y honrada para tocar la campana de la Bolsa de Valores de la Gran Manzana, descubrió que lo de la moda era algo muy superficial y que su pasión estaba en la gastronomía internacional.

«Si sabes de comida, hacer chocolate es lo más fácil, solo se tiene que aprender las temperaturas», expresó sonriendo al evocar su incursión en la cocina, en la que se especializó en comida española, italiana y japonesa, entre otras, lo que le ayudó a aprender rápido sobre el chocolate, de lo que se empapó ampliamente en el sur de Francia.

Registro general este sábado de la tienda de chocolates MarieBelle, en Manhattan, Nueva York (EE.UU.). EFE/Germán Reyes

En Nueva York también conoció a su esposo, Jacques Lieberman, en un espectáculo en Broadway. Él, un artista de la plástica, era uno más entre el público y terminó siendo el diseñador de las imágenes en vivos colores que ilustran los chocolates de lujo de Maribel.

Entre altos y bajos, Maribel, junto a Jacques y su hija Angelina, que ya tiene 16 años y está por finalizar su educación secundaria, han ido sorteando los retos que implica un negocio como el suyo.

POR LA PANDEMIA NO PUDO CONMEMORAR LOS 20 AÑOS DE SU EMPRESA

La tienda de Maribel en Nueva York, con su «Cacao Bar», tiene un estilo europeo. Al ingresar, los clientes son contagiados por el aroma exquisito de los chocolates, su diversidad de colores y diseños artísticos, todo en un espacio ambientado con música clásica.

En 2020 se cumplieron 20 años de la incursión de Maribel en la industria del chocolate, pero no los pudo conmemorar por la pandemia de covid-19.

«Para los 20 años de MarieBelle Nueva York tenía previsto hacer una edición especial de chocolates, que también serían conmemorativos a los 100 de que la mujer estadounidense tuvo el derecho a votar, en una conquista en la que tuvieron protagonismo muchas mujeres latinas», explicó la empresaria, que para sus productos utiliza cacao fino hondureño, procesado en Costa Rica.

Entre otras cosas de su experiencia, Maribel recuerda haber cocinado para un evento especial en honor al expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela, con 50 comensales en la mesa, y que entre otros de sus clientes famosos han figurado Bill Clinton y su esposa Hillary; Woopi Golberg, Harrison Ford, Susan Sarandon, Meg Ryan, Jill Hennessy, David Schwimmer, Ricky Martin, Oprah Winfrey y Daniela Pastova. EFE

CON INFORMACIÓN DE EFE

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